La crisis financiera me afectó profesional y financieramente, pero como meditador de FISU, estaba espiritualmente preparado. La meditación me ayudó a enfrentar los desafíos con objetividad y a tomar decisiones sin involucrarme emocionalmente, lo que benefició mi trabajo, familia y salud. Me volví más tranquilo y confiable, reduciendo mis reacciones y creando un ambiente hogareño de paz. Ser parte de la familia FISU me brindó apoyo continuo, consejos y comunicación sincera, fortaleciéndome en tiempos difíciles.